-No tengan miedo- les respondió- "A esos egipcios que hoy ven jamás volverán a verlos!Ustedes quédense quietos....
El relato del cruce del mar rojo, me lo contaron desde que tengo uso de memoria, sobran las clases de escuela dominical, dibujos y películas que cuentan el milagro que se dio ese día cuando Dios se cubrió de gloria al abrir el mar y permitir a Israel escapar de faraón y su ejército.
Personalmente, creo que las versiones que he escuchado sobre ese día apenas logran describir el 1% de lo que Dios quería darnos a entender con dicha situación.
Y ahí estaban, frente a un obstáculo que se veía mucho más grande que los anteriores y con miles de voces que se quejaban y le recordaban lo pequeño que era comparado con aquel panorama.
Había escuchado sus palabras el tiempo suficiente, para saber que aquella situación se le salía de las manos; las quejas se tornaban en fantasmas que parecían tomar vida a medida que los carros se acercaban y al frente no había nada más que un inmeso océano cuyo nombre parecía profetizar lo que se venía sobre ellos.
Sin duda alguna, muchas veces me he sentido como Moisés; agobiada por el impetuoso mundo en el que vivo en el cual sobran personas que LUCHAN por hacerme sentir sin escape, sin salida, sin rumbo.
Al abrir el mar rojo, Dios hizo mucho más que salvar a su pueblo de una muerte segura a manos de los egipcios; les mostró que al dejarle tomar el control de las tribulaciones los resultados de esos momentos oscuros son sorprendentes.
EL Señor le dijo a Moisés: Porqué clamas a mi? Ordena a los Israelitas que se pongan en marcha!
Él había creado aquella oportunidad para demostrarle a su pueblo los grandes planes que tenía para ellos. Oportunidades que a pesar de no lucir de color rosa y no estar cubiertas de oro o de lo que a cualquier humano le parecería "normal" iban encaminadas al plan glorioso entretejido por Dios.
La condición era simple : pongánse en marcha! no esperen a que yo los lleve porque voy delante y detrás de ustedes.
Cruzar ese mar rojo, significaba creer en la oportunidad que Dios abría para ellos e implicaba ponerse las pilas para cruzarlo "sin pensarlo mucho"- como dice mi papá.
Recientemente, he experimentado el mismo sentimiento del pueblo de Israel. Las oportunidades han aparecido y las voces de desánimo hicieron su aparición tan pronto decidí meter mis pies en la arena esperando que Dios convirtiera ese mar en dos columnas que me darían sombra hasta que llegara al otro lado.
Es que cuando existe la certeza de que lo que está frente a tus ojos proviene de Dios, es de tontos no creer en su fidelidad y volver a Egipto, en lugar de caminar aunque un ejército se acerque para devorarte. Si fue Él quien planeó este momento para mi es Él quien va delante y detrás de mi como esa nube y la columna de fuego fueron con Israel.
Esa misma presencia te acompañará si decides callar las voces, no distraerte y mantener tu visión fija en la meta; como lo hizo Moisés aún en medio de las quejas de dos millones de personas.
No me arrepiento, caminar en medio de un mar rojo abierto confiando en que esas columnas de agua seguirán ahí hasta que yo llegue al otro lado han sido una aventura maravillosa. Y una vez que este ahí no dudaré en empezar mi camino hacia la tierra prometida, el Cannán que Dios ya preparó para mi .
El relato del cruce del mar rojo, me lo contaron desde que tengo uso de memoria, sobran las clases de escuela dominical, dibujos y películas que cuentan el milagro que se dio ese día cuando Dios se cubrió de gloria al abrir el mar y permitir a Israel escapar de faraón y su ejército.
Personalmente, creo que las versiones que he escuchado sobre ese día apenas logran describir el 1% de lo que Dios quería darnos a entender con dicha situación.
Y ahí estaban, frente a un obstáculo que se veía mucho más grande que los anteriores y con miles de voces que se quejaban y le recordaban lo pequeño que era comparado con aquel panorama.
Había escuchado sus palabras el tiempo suficiente, para saber que aquella situación se le salía de las manos; las quejas se tornaban en fantasmas que parecían tomar vida a medida que los carros se acercaban y al frente no había nada más que un inmeso océano cuyo nombre parecía profetizar lo que se venía sobre ellos.
Sin duda alguna, muchas veces me he sentido como Moisés; agobiada por el impetuoso mundo en el que vivo en el cual sobran personas que LUCHAN por hacerme sentir sin escape, sin salida, sin rumbo.
Al abrir el mar rojo, Dios hizo mucho más que salvar a su pueblo de una muerte segura a manos de los egipcios; les mostró que al dejarle tomar el control de las tribulaciones los resultados de esos momentos oscuros son sorprendentes.
EL Señor le dijo a Moisés: Porqué clamas a mi? Ordena a los Israelitas que se pongan en marcha!
Él había creado aquella oportunidad para demostrarle a su pueblo los grandes planes que tenía para ellos. Oportunidades que a pesar de no lucir de color rosa y no estar cubiertas de oro o de lo que a cualquier humano le parecería "normal" iban encaminadas al plan glorioso entretejido por Dios.
La condición era simple : pongánse en marcha! no esperen a que yo los lleve porque voy delante y detrás de ustedes.
Cruzar ese mar rojo, significaba creer en la oportunidad que Dios abría para ellos e implicaba ponerse las pilas para cruzarlo "sin pensarlo mucho"- como dice mi papá.
Recientemente, he experimentado el mismo sentimiento del pueblo de Israel. Las oportunidades han aparecido y las voces de desánimo hicieron su aparición tan pronto decidí meter mis pies en la arena esperando que Dios convirtiera ese mar en dos columnas que me darían sombra hasta que llegara al otro lado.
Es que cuando existe la certeza de que lo que está frente a tus ojos proviene de Dios, es de tontos no creer en su fidelidad y volver a Egipto, en lugar de caminar aunque un ejército se acerque para devorarte. Si fue Él quien planeó este momento para mi es Él quien va delante y detrás de mi como esa nube y la columna de fuego fueron con Israel.
Esa misma presencia te acompañará si decides callar las voces, no distraerte y mantener tu visión fija en la meta; como lo hizo Moisés aún en medio de las quejas de dos millones de personas.
No me arrepiento, caminar en medio de un mar rojo abierto confiando en que esas columnas de agua seguirán ahí hasta que yo llegue al otro lado han sido una aventura maravillosa. Y una vez que este ahí no dudaré en empezar mi camino hacia la tierra prometida, el Cannán que Dios ya preparó para mi .